Comunidad

Nuestra vida en el seminario

Otras actividades

Otras actividades

  • V 28, S 29 y D 30 de Octubre | RETIRO
  • M 05 Marzo | 35° Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Sixto Parzinger.
  • S 09 Marzo | Llegada de los alumnos de Filosofía y Teología.
  • L 11 Marzo | Llegada de los alumnos del Curso Propedéutico.
  • M 12 – D 17 Marzo | Retiro inicial
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i. Dimensión humano-comunitaria (Para una fe fundamentada)

“Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó a Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar…” (Mc. 3,13-14).

A lo largo del proceso formativo, el seminarista debe irse configurando con Cristo en todas sus dimensiones, y para ello vale tener presente que “sin una adecuada formación humana toda la formación sacerdotal estaría privada de su fundamento necesario”, por eso, el seminarista gradualmente debe ir madurando y creciendo integralmente haciendo suyas las palabras del apóstol Pablo: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo” (Flp. 2,5)

Hoy más que en otros tiempos, se necesita que el sacerdote sea un “hombre de comunión”, es decir, con espíritu comunitario, capaz de entablar verdaderas relaciones humanas y formar comunidades cristianas, por lo cual deberá aprovechar las distintas instancias que ofrece el Seminario para crecer en este ámbito: el trabajo, el estudio, el deporte y la recreación, la cultura, etc., por eso “se exige que no sea arrogante ni polémico, sino afable y hospitalario, sincero, prudente, discreto, generoso y disponible para el servicio…” (Cf. CECH, “Orientaciones y Normas para la Formación Presbiteral”, Santiago de Chile, 1999., n.374)


ii. Dimensión espiritual (Para una fe vivida)

“Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada” (Jn. 15,5).

La dimensión espiritual es el alma de la formación, porque es la vivencia de todo el proceso en el espíritu, orientada a la configuración con Jesucristo buen Pastor, discípulo, siervo y hombre de comunión en el servicio pastoral del Pueblo de Dios. El

seminarista ha de potenciar su convencimiento de ser un hombre de Dios y desde allí fundamentar toda su vida, partiendo de una sólida consistencia espiritual.

Pastores, según el corazón de Jesucristo y unidos a la tradición de la Iglesia, de cara a los desafíos del tiempo actual han de hacer presente en el mundo, la salvación que Cristo realiza por su Espíritu en la Iglesia.


iii. Formación Intelectual-Académica (Para una fe comprendida)

“Dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe. 3,15).

Toda la formación intelectual ayuda a dar razón de nuestra fe y a que nuestra fe sea comprendida, razonada e internalizada, por eso “los candidatos al sacerdocio y los presbíteros deben cuidar diligentemente el valor de la formación intelectual…”(Cf. CECH, “Orientaciones y Normas para la Formación Presbiteral”, Santiago de Chile, 1999., n. 440), que les facilite un método de estudio y formación permanente.
Los futuros pastores han de ser formados en “una amplia y sólida instrucción en las ciencias sagradas a la par de una cultura general en consonancia con nuestro tiempo. El fin de los estudios del seminario es, ciertamente, pastoral, pero han de tener nivel universitario, tanto en filosofía como en teología” . De ahí que ha de ser una formación profunda, integral, interdisciplinaria que permita tener las respuestas humanas y desde la fe ante las grandes interrogantes del hombre en el mundo de hoy.


iv. Dimensión Pastoral (Para una fe compartida y anunciada)

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí” (Jn. 10,14)

La formación pastoral forma parte del ser mismo de la Iglesia que es por definición, evangelizadora y misionera: “Instituyó a Doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Mc 3,14). La Iglesia, Sacramento de Cristo, es la continuadora de su obra. El presbítero es responsable de esa obra evangelizadora de la Iglesia haciendo presente a Cristo Sacerdote, Profeta y Pastor, y como imagen viva de Jesucristo esposo de la Iglesia. (Cf. PV. 57)

La formación del seminario debe ayudar para que el futuro sacerdote pueda dar respuesta a los diversos desafíos con el testimonio de vida, de la animación, predicación, conducción de las comunidades cristianas y compromiso evangélico con los más desposeídos.

El Seminario en coordinación con las diversas diócesis, designa los lugares, el tipo de experiencia pastoral y la calendarización de dichas experiencias. Por su parte los alumnos, a través de la coordinación pastoral, canalizarán inquietudes y búsquedas mediante la planificación de diversas actividades que deberán ser discernidas y evaluadas comunitariamente.